Si cierro los ojos y regreso al pasado sábado 17 de octubre en Almussafes, la primera imagen que me viene a la cabeza es la de ir conduciendo mi Fiesta detrás del coche de la Policía Local. Nos estaban escoltando desde la pista polivalente municipal hacia las instalaciones de Ford.
Recuerdo mirar por el retrovisor y ver aquella enorme fila de Ford Fiesta siguiéndonos. En ese instante exacto no pude evitar emocionarme y ponerme a llorar dentro del coche.
Habían sido muchos meses de preparativos, de preocupaciones, de noches en vela y de nervios para que todo saliera lo mejor posible. Y de repente, allí estaba yo, al volante de mi propio coche, con todos aquellos Fiesta detrás rumbo al lugar donde comenzó la historia del modelo en nuestro país.
Creo que fue el instante en el que empecé a ser plenamente consciente de lo que habíamos conseguido. No estaba viendo una simple caravana; estaba viendo a todas esas personas que habían confiado en nosotros, que habían recorrido cientos de kilómetros y que estaban allí compartiendo una misma pasión. Es una imagen que voy a recordar durante toda mi vida.
El Kilómetro Cero
Almussafes, sin duda, es “el Kilómetro Cero” de la historia del Ford Fiesta en España. Muchos de los coches que participaron en este 50 aniversario salieron precisamente de aquellas líneas de producción, algunos incluso hace varias décadas. Poder reunirlos de nuevo en el lugar donde comenzó su historia fue algo realmente especial. De alguna manera, sentíamos que estábamos llevando a los Fiesta de vuelta a casa, al lugar donde nacieron.
Cuando la caravana llegó a las instalaciones de Vedat Mediterráneo, junto a la factoría, nos recibieron con un picoteo. Colocar todos y cada uno de los coches participantes en su aparcamiento fue muy bonito, pero lo más emocionante fue regresar con nuestros coches al lugar donde empezó todo. La sensación fue, literalmente, la de volver al hogar.
Un coche que es parte de mi vida
Para resumir lo que significa este vehículo para nosotros, contaría mi propia historia, no porque sea la mejor o la más bonita, sino porque refleja perfectamente lo que tantas familias han vivido con un Fiesta.
Mi madre compró nuestro Ford Fiesta en noviembre de 2005. Es un modelo de sexta generación, un 1.6 TDCi de 90 CV. Llegó a casa cuando yo apenas tenía cuatro años. Prácticamente me he criado dentro de él; ha estado presente durante mi infancia, mi adolescencia y ahora en mi vida adulta. Jamás ha sido un simple medio de transporte, sino una parte fundamental de nuestra historia familiar.
Este mismo año sufrí un accidente importante con él. Los daños fueron tan graves que llegaron a plantear declararlo siniestro total. Para mucha gente la salida lógica habría sido cambiar de coche, pero para mí era impensable desprenderme de un compañero que llevaba más de veinte años a nuestro lado. Decidí repararlo por mi cuenta, dedicarle tiempo, esfuerzo, ahorros y pintarlo entero para devolverle el aspecto que merecía.
Lo más hermoso de todo es que, tras meses de trabajo en el taller, ese mismo Fiesta fue el que me trajo rodando desde Asturias hasta Almussafes para encabezar la caravana del 50 aniversario. Al final, nuestro club no existe únicamente para conservar vehículos antiguos, sino para mantener vivos los recuerdos y las vidas que hemos construido alrededor de ellos.
De un foro familiar a una comunidad nacional
Ford siempre ha estado presente en mi hogar. De niño crecí viajando con mis padres a concentraciones por toda España y conociendo a personas que compartían una misma afición. El nacimiento del Club Ford Fiesta España es, de hecho, bastante curioso: mi padre trabajaba como taxista y un día vio por la calle un Ford Focus azul que llevaba la pegatina del Club Ford Focus 2005.
Le llamó tanto la atención que decidió seguirlo hasta que pudo parar a hablar con su conductor. Mis padres acabaron integrándose en aquel club e incluso formando parte de su organización. Y entonces mi madre pensó: si existía un club para el Focus, ¿por qué no crear uno para el Ford Fiesta?
Así fundó el club en 2007. Comenzó siendo un foro en internet para que los propietarios pudieran resolver dudas mecánicas, compartir experiencias y quedar los fines de semana. Para mí, viajar para ver coches era lo más natural del mundo. Sin darme cuenta, fui creciendo dentro de esa comunidad.
Con los años, entre el trabajo y criar a tres hijos, a mi madre le resultaba cada vez más difícil mantener el ritmo del club. Fui tomando el testigo poco a poco. Hace unos tres años comencé a involucrarme a fondo para recuperar la actividad y este año volvimos a poner en marcha el foro original. Pero el gran punto de inflexión llegó cuando decidí que teníamos que celebrar este medio siglo del Fiesta por todo lo alto. Mi madre ya había organizado el 40 aniversario en su momento, así que yo no podía dejar pasar la ocasión de celebrar los cincuenta.
La entrega que rompió el guion
No fue un camino fácil. El mayor obstáculo en estos meses de preparación fue formalizar oficialmente el club como asociación tras casi dos décadas de trayectoria. Las trabas burocráticas se complicaron tanto que durante semanas temimos que la concentración en la pista polivalente de Almussafes pudiera cancelarse. Fueron días de mucha incertidumbre, pero logramos sacarlo adelante.
El alivio real me llegó el sábado a la hora de comer. Durante toda la mañana había estado tan pendiente del cronograma, los accesos y los participantes que no había respirado. En ese momento me tomé un respiro y caminé a solas entre los coches, que estaban alineados por orden cronológico, desde las primeras unidades de los años setenta hasta las más recientes. Al ver todas las generaciones reunidas y pensar en la gente que había cruzado el país para estar allí, dejé de pensar como organizador y volví a sentirme como lo que soy: un aficionado más al Fiesta. Supe que cada noche en vela había merecido la pena.
Y si algo me importaba de este fin de semana, era que mi madre pudiera ver hasta dónde había llegado la semilla que plantó en 2007. En la entrega de premios le había preparado un homenaje sorpresa con un trofeo y un discurso muy bonito que llevaba tiempo preparan. Pero cuando subí al escenario y la vi allí delante, rodeada de toda la gente, fui incapaz de leer lo que había escrito. Le hablé directamente con el corazón. Se me quebró la voz por completo y nos pusimos a llorar los dos. No era solo entregarle un trofeo: era darle las gracias por transmitirme esta pasión y por permitirme continuar su legado.
El respaldo de la marca y el valor de las personas
Contar con el apoyo de Ford España en esta cita ha sido un honor enorme. Al principio no albergaba grandes expectativas; somos un club de aficionados y Ford es una compañía inmensa. Sin embargo, desde las primeras conversaciones me hicieron sentir escuchado y valorado. La guinda fue cuando nos confirmaron que cederían el prototipo Doble V para la exposición del aniversario: tener una pieza así con nosotros superó todo lo que habíamos soñado. Para quienes dedicamos nuestro tiempo libre a esto, sentir el respeto de la marca hacia la comunidad es algo que no se olvida.
El momento que mejor resume el evento ocurrió cuando logramos apartar una unidad representativa de cada una de las ocho generaciones del Fiesta y nos colocamos todos los asistentes detrás para una fotografía histórica. Esa foto, junto con la que nos hicimos todo el equipo de organización arropando a mi madre, resume el espíritu de lo vivido.
Durante el fin de semana, los coches fueron solo la excusa. Lo importante era lo que sucedía a su alrededor: corrillos de gente intercambiando trucos, aficionados comparando restauraciones y ver a compañeros con los que llevaba meses hablando a diario por teléfono, pero a los que aún no conocía en persona, dándose por fin un abrazo. Empezamos siendo un grupo de trabajo y hemos terminado siendo una familia.
Una página siempre en blanco
Que el Ford Fiesta haya dejado de fabricarse no significa que su historia haya terminado. Al contrario: ahora nuestra labor como club cobra más sentido que nunca. Nos toca a nosotros cuidar su legado, compartir conocimientos mecánicos y mantener vivo uno de los modelos más queridos de la automoción.
En el Club Ford Fiesta España mantenemos una regla de oro: aquí todos los Fiesta son bienvenidos. No nos importa si es un modelo base de 1976, si conserva las cicatrices del uso diario o si es la versión ST más moderna y prestacional. Lo que verdaderamente nos une es compartir la misma pasión.
Ya tenemos la vista puesta en nuestro siguiente reto: celebrar el 20 aniversario de la fundación del club en 2027. Pero mi mayor deseo es que la historia de esta comunidad nunca tenga un punto final. Mi madre la empezó en 2007, yo he tenido la fortuna de continuarla y ojalá mañana sean otros quienes tomen el relevo.
A cualquiera que hoy reciba las llaves de un Fiesta heredado de sus padres o de sus abuelos, solo le diría una cosa: cuídalo, disfrútalo y no olvides que ese coche guarda dentro muchas más vivencias de las que imaginas. Y que, cuando quiera, aquí tiene su casa. Mientras quede un Fiesta rodando por la carretera, este club seguirá teniendo un motivo para existir.
Mark Urosa es presidente del Club Ford Fiesta España


