- La temporada de polen está arrancando con fuerza, tras el aumento de las temperaturas y el final de los ciclos de precipitaciones de marzo e inicios de abril, que provocaron un efecto lavado, como apunta la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).
- La alergia al polen o polinosis afecta al 15% de la población española y tiene un impacto directo en la conducción, tanto por sus síntomas (estornudos, lagrimeo e irritación ocular), como por el deterioro de la vigilancia, el rendimiento cognitivo, la atención y la capacidad de reacción.
- Los automóviles han evolucionado desde el primer filtro de aire para el habitáculo, introducido por Nash en 1938; a los sistemas actuales más avanzados de monitorización de la calidad del aire y purificación activa, con el objetivo de minimizar la entrada de partículas al habitáculo.
- Carglass® España ha realizado un completo informa de esta evolución histórica y recomienda sustituir el filtro del habitáculo del vehículo cada año o 15.000 kilómetros, para que no pierdan su efectividad evitando que entren partículas finas y polen al interior del coche.
Numerosas provincias de España están registrando niveles altos de polen. La presencia elevada de polen tiene un impacto directo en la conducción para las personas alérgicas y la evidencia científica muestra que estos efectos pueden traducirse en un incremento significativo del riesgo de accidente. Los episodios de estornudos repetidos pueden provocar pérdidas momentáneas de control del vehículo, mientras que el lagrimeo y la irritación ocular reducen la visibilidad. Además, la rinitis alérgica inducida por polen puede provocar un deterioro significativo de la capacidad de atención y la capacidad de respuesta.
El flujo de aire dentro de un vehículo típico puede alcanzar los 540.000 litros por hora. Y ese aire contiene pequeñas partículas de polvo, polen, bacterias, esporas de moho y gases nocivos que podrían entrar al habitáculo a través de los conductos de ventilación junto con el aire exterior.
Los automóviles han evolucionado mucho para mantener el polen y otras sustancias fuera del habitáculo y preservar la calidad del aire que respiran los ocupantes. Desde el primer filtro de aire para el habitáculo, introducido por Nash en 1938; a los sistemas actuales más avanzados de monitorización de la calidad del aire y purificación activa, pasando por el primer filtro de polen para automóviles, lanzado por Saab en 1979, o el filtro HEPA de Tesla en 2015; la industria del automóvil ha ido desarrollando innovaciones para proteger la salud de los ocupantes y minimizar la entrada de partículas en el interior del vehículo.
Carglass® España ha realizado un informe sobre la evolución a lo largo de la historia de los sistemas de filtrado del aire del habitáculo y recomienda sustituir el filtro del habitáculo del vehículo cada año o 15.000 kilómetros, para que no pierdan su efectividad evitando que entren partículas finas y polen al interior.
1938: El primer filtro de habitáculo de la historia
En 1938, Nash Motors desarrolló el primer sistema de calefacción para automóviles que utilizaba el agua caliente de la refrigeración del motor para calentar el aire que entraba al sistema desde el exterior. El sistema de Nash también fue pionero en el uso de una ligera presurización dentro del habitáculo para evitar la entrada de aire frío del exterior durante el invierno. Este sistema de ventilación y calefacción con ventilación forzada se controlaba mediante un pequeño dial llamado "Weather Eye"; e incorporaba -por primera vez en la historia del automóvil- un filtro desechable en la entrada de aire para limpiarlo de polvo y partículas. En la publicidad de la época, se anunciaba con “Por primera vez en tu vida, conducirás todo el día sin polvo que ensucie o arruine su viaje! El sistema automático "Weather Eye" de Nash proporciona aire fresco, libre de polvo, lluvia, insectos y corrientes de aire frío”.
1954: sistemas de recirculación y primera mención al polen
Nash también fue pionera al lanzar el sistema All-Weather Eye en el Nash Ambassador de 1954. Se trataba del primer sistema HVAC de climatización integrado para automoción, que integraba bajo el capó y el salpicadero la calefacción, ventilación y aire acondicionado en una única unidad compacta. Un solo mando termostático regulaba todo el sistema, ajustando automáticamente la temperatura interior, el flujo de aire y la mezcla de aire frío/caliente. En su manual técnico, detalla que “entre un 25 y un 30 por ciento de aire fresco se introduce en este sistema. En el punto de entrada, el aire se limpia de polvo y polen al pasar por el filtro”. Los primeros sistemas de climatización en el automóvil no incorporaban la recirculación de aire como una función específica, sino como una consecuencia directa de su arquitectura. El “All Weather Eye” combina recirculación continua con una aportación controlada de aire exterior para mantener la calidad y la temperatura del habitáculo. Entre un 25 % y un 30 % de aire fresco entra en el vehículo y se filtra para eliminar polvo y polen, mientras que los ventiladores recirculan el aire interior. Esta mezcla renueva el aire y, además, genera una ligera sobrepresión dentro del habitáculo que expulsa humo, olores y CO₂ hacia el exterior, evitando la entrada de aire caliente y sucio. El resultado es un ciclo continuo de aire filtrado, enfriado y renovado, que solo funciona correctamente con las ventanas cerradas.
1964: recirculación de aire variable
Ese año Cadillac presenta el sistema de climatización Comfort Control automático, con un planteamiento más cercano al control funcional del flujo de aire. Su sistema de climatización integraba compuertas y mecanismos que permitían modificar el comportamiento del aire en función de las condiciones térmicas, introduciendo por primera vez una lógica de gestión. En este caso, la recirculación no era constante, sino una respuesta del sistema ante determinadas situaciones, como altas temperaturas en el habitáculo. Aunque no existía un control directo por parte del usuario, el sistema ya distinguía entre el uso de aire exterior y aire interior, sentando las bases de la regulación dinámica.
1969: Control indirecto del conductor de la recirculación de aire
A finales de los años 60, General Motors equipa en diferentes modelos climatización con la función “MAX A/C”. Cuando se selecciona esa opción, el sistema acciona una compuerta que cierra la entrada de aire exterior y fuerza la recirculación del aire interior del habitáculo.
Años `70: control manual de la recirculación de aire
Hasta finales de los años 70, la mayoría de los coches usaban sistemas de vacío o cables mecánicos pesados. Para mover la trampilla que cerraba el aire exterior se necesitaba una palanca con fuerza física. En el Toyota Crown de 1968, por ejemplo, la palanca “air” se movía desde la posición “fresh” a “recirc”. Con la llegada de los servomotores eléctricos y la electrónica en los años 80, llegó la función de recirculación del aire con un botón. El Mercedes Benz Clase S de 1979 fue uno de los primeros automóviles en incorporarlo en su sistema de climatización “para evitar que olores desagradables o polvo entren en el interior del coche”, como decía su manual. Comenzó a estandarizarse el mismo gráfico para esta función, flechas circulares giratorias, que posteriormente fue recogido y estandarizadas por la norma ISO 2575. Más adelante ese icono se sustituyó por la silueta de un coche con una flecha circular en su interior.
1979: El Saab 900 equipa el primer filtro específico de polen
El Saab 900 de 1979 fue el primer automóvil con un filtro específico para evitar la entrada de polen en el habitáculo. “Por primera vez, los pasajeros podrán respirar aire prácticamente puro. Nuestro sistema de ventilación especial evita que partículas diminutas, como polen y polvo, entren en el vehículo”, decía su catálogo. “El exclusivo filtro de aire de ventilación del sistema de calefacción y ventilación retiene todas las partículas de 5 micras o más, como polen y polvo, que de otro modo contaminarían el aire y causarían molestias a quienes sufren de alergias, asma y otros problemas respiratorios. Además, retiene el 75 % de las partículas de hasta 5 micras. El filtro también evita que la humedad del aire entre en el coche y empañe las ventanillas antes de que el habitáculo se haya calentado. Si bien el filtro tiene una vida útil muy larga, se reemplaza fácilmente cuando sea necesario”.
1991: Primer filtro de carbón activo
El Mercedes-Benz Clase S de 1991 emplea, por primera vez, un filtro de carbón activo, que complementa al filtro tradicional de papel para absorber gases, compuestos orgánicos volátiles y olores.
1998: sensores de calidad de aire
Mercedes-Benz introduce el sistema AQS (Air Quality Sensor) en la Clase S de 1998, integrando un sensor que monitoriza la calidad del aire exterior y activo automáticamente la recirculación para evitar la entrada de contaminantes en el habitáculo, como óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, ozono a nivel del suelo, gases y olores desagradables.
2013: sistemas de ionización del aire
Mercedes lanza el sistema Air Balance, que incluye ionización. Los iones cargan eléctricamente partículas (polvo, aerosoles) y favorecen que se agrupen y se depositen. Este sistema complementa a la filtración, mejorando la calidad del aire interior al reducir partículas en suspensión, olores y sensación de aire viciado.
2014: Generalización de filtros electrostáticos y antibacterianos
En 2014 aparece una nueva generación de filtros de habitáculo basados en arquitecturas multicapa que combinan filtración mecánica, electrostática y química, incorporando además propiedades antibacterianas. Diferentes proveedores OEM comienzan a fabricar esto filtros para multitud de modelos de automóviles. Este avance permite pasar de una filtración centrada en partículas a sistemas capaces de actuar también sobre microorganismos y contaminantes complejos. Disponen de capas anti-alérgenos, de microfibra ultrafina, de carbón activo, capas activas con tratamiento biológico (con iones de plata y agentes antimicrobianos) y carga electrostática para atraer partículas. Son capaces de filtrar hasta el 90% de partículas PM1 (con un diámetro inferior a 1 micrómetro, 0,0001 cm) y hasta el 80 % de las partículas ultrafinas (UFP), que son más pequeñas de 0,1 micrómetros.
2015: Tesla y el primer filtro HEPA
Tesla lanza en 2015 el sistema “Bioweapon Defense Mode”, que integra, por primera vez, un filtro HEPA de alta eficiencia, filtrado adicional de gases y presurización del habitáculo. Estos filtros tienen capacidad para retener partículas ultrafinas con una eficiencia cercana a entornos sanitarios, a costa de mayor tamaño y complejidad del sistema. El sistema funciona forzando todo el aire que entra en el habitáculo a pasar a través de un filtro HEPA de alta eficiencia, combinado con un sistema adicional de filtrado y presurización que evita la entrada de aire contaminado desde el exterior. El sistema de filtración HEPA está diseñado para eliminar contaminantes del aire, incluyendo partículas finas, bacterias, virus, polen y esporas de moho. El estándar HEPA (High Efficiency Particulate Air) está definido por normas internacionales y debe capturar, al menos, el 99,97 % de las partículas de 0,3 micras de diámetro. Durante su presentación, Tesla puso a prueba el sistema creando una burbuja de contaminación artificial extremadamente elevada alrededor de un Model X, alcanzando niveles de hasta 1.000 µg/m³ de partículas PM2.5, muy por encima de los niveles considerados peligrosos para la salud. El sistema redujo los niveles de contaminación en el interior del habitáculo a niveles indetectables en menos de dos minutos.
2015: enfoque integral “Clean Zone”
El Volvo XC90 estrena en 2015 un filtro multicapa que intercepta más partículas y polen. Este filtro formaba parte del innovador enfoque integral de Volvo “CleanZone” para mejorar la calidad del aire interior. Además de filtrar el aire exterior, se minimizan las emisiones de compuestos orgánicos volátiles totales (COVT) dentro del vehículo generadas por los materiales interiores expuestos a altas temperaturas.
2020: medición y eliminación de partículas finas en el habitáculo
Volvo presenta en 2020 la tecnología Advanced Air Cleaner, que incorpora, por primera vez, un sensor que mide los niveles de PM2.5 en el interior del habitáculo. La marca destaca que la cantidad de partículas finas en el aire es una medida ampliamente utilizada para evaluar la calidad del aire. El sistema Advanced Air Cleaner elimina hasta el 95% de las partículas finas del habitáculo con un filtro basado en fibras sintéticas e ionización. Además, a través de una app se puede programar una limpieza del aire del habitáculo antes de entrar en el coche.
También comienzan a aparecer interfaces que permiten visualizar la calidad del aire en pantalla, con monitorización continua y ajustes automáticos del flujo y la recirculación. Este enfoque convierte el aire interior en un parámetro dinámico, capaz de medirse, interpretarse y ajustarse automáticamente para optimizar la experiencia y el bienestar de los ocupantes.



