Etapa 12 del Dakar 2026: motos y coches sobreviven al juicio final del desierto
La etapa 12 del Rally Dakar 2026 se presentó como una de esas jornadas que no hacen ruido antes de empezar, pero que terminan marcando el destino de la carrera. Con el cansancio acumulado tras casi dos semanas de competición, motos y coches afrontaron un recorrido donde la resistencia y la cabeza fueron tan importantes como la velocidad.
Motos: precisión al límite y cuerpos al borde
En motos, la especial fue una auténtica prueba de supervivencia. Los pilotos salieron conscientes de que ya no quedaba margen para errores graves. La navegación volvió a jugar un papel determinante, con tramos largos sin referencias claras y dunas que exigieron una lectura perfecta del terreno.
La arena blanda castigó los brazos y la espalda, mientras el ritmo impuesto obligó a mantener la concentración durante horas. Más que ataques directos, la etapa se decidió por constancia y control. Algunos favoritos optaron por rodar con cautela, conscientes de que llegar a meta sin contratiempos era el mayor triunfo en una jornada tan traicionera.
Coches: estrategia, fiabilidad y nervios de acero
En coches, la etapa 12 fue sinónimo de gestión. Los equipos sabían que cualquier avería o error de navegación podía echar por tierra todo el trabajo previo. Por ello, se vivió una batalla silenciosa, con pilotos midiendo cada aceleración y copilotos afinando al máximo el roadbook.
Las pistas rotas y las dunas castigadas por el paso de las motos pusieron a prueba suspensiones y neumáticos. Algunos equipos apretaron en los tramos más rápidos, pero la mayoría priorizó la fiabilidad y la regularidad. El Dakar, una vez más, recordó que no siempre gana el más rápido, sino el que sabe resistir.
Una etapa que pesa más de lo que aparenta
La etapa 12 no fue la más espectacular a simple vista, pero sí una de las más decisivas del Dakar 2026. En motos y coches, dejó huella en las clasificaciones y, sobre todo, en el físico y la moral de los competidores.
Con la meta final ya en el horizonte, el rally entró en su fase más cruel: aquella en la que el desierto no necesita grandes trampas para decidir, porque el desgaste acumulado hace el trabajo por él. Y en esa batalla invisible, solo los más completos siguen soñando con la victoria.

