- Los cambios bruscos de temperatura y el calor aceleran la velocidad de crecimiento de un impacto en el parabrisas.
- Si sufrimos un impacto, más aún en verano, hay que ir a repararlo antes de que alcance un tamaño que lo convierta en irreversible y nos pueda arruinar el viaje de la operación salida o retorno.
- El parabrisas de un coche está sometido a otras tensiones provocadas por una serie de factores materiales y físicos que actúan en combinación. En verano, el calor se suma a todas estas tensiones, lo que produce más roturas de cristales.
- Cuando accedemos a un vehículo muy caliente es mejor no orientar hacia el cristal la salida del aire acondicionado.
Las olas de calor que estamos viviendo pueden generar un efecto indeseado en un vehículo: la rotura del parabrisas en plenas vacaciones de verano. El calor es uno de los factores que puede provocar que un pequeño impacto crezca y genere grietas en el cristal, comprometiendo la visibilidad y la resistencia del parabrisas.
Una vez se ha producido un impacto en el parabrisas, es solo cuestión de tiempo que el cristal acabe agrietándose y rompiéndose por las tensiones y los cambios de temperatura que sufre. Cuánto más grande sea el daño, menos fuerza será necesaria para aumentar su tamaño. Si sufrimos un impacto, más aún en verano, hay que ir a repararlo antes de que alcance un tamaño que lo convierta en irreversible y nos pueda arruinar el viaje.
¿Por qué en verano se rompen más parabrisas?: más impactos
En verano se producen más impactos en el parabrisas. En primer lugar, por el aumento de los desplazamientos por carretera que se produce en estas fechas. Y en segundo, por el propio asfalto. El asfalto se contrae en invierno; y en verano se dilata con las altas temperaturas, provocando grietas por las que se cuela el agua y cavidades. Este asfalto “roto” cede con más facilidad ante la presión del paso de los vehículos en verano y se descompone en pequeñas piedrecitas que saltan o salen escupidas de los neumáticos y acaban impactando en el parabrisas.
¿Por qué en verano se rompen más parabrisas?: la incidencia del calor
A. A. Griffith ya demostró en 1921 que una pieza dañada de vidrio es mucho más débil que una parte no dañada y que cuanto mayor es el impacto, menos tensión (o fuerza) se necesita para hacerlo crecer más. Wiederhorn certificó en 1967 que, incluso con tensiones extremadamente pequeñas, un impacto crece de forma continuada sin parar. Los estudios realizados por Belron Technical han demostrado que el calor y los cambios bruscos de temperatura aceleran la velocidad de crecimiento de un impacto en el parabrisas.
La carrocería de un vehículo se expande y contrae con los cambios de temperatura. Al ser una estructura volumétrica compleja, la naturaleza de la expansión o contracción puede variar considerablemente de un modelo a otro. Como el vidrio y el acero o el aluminio tienen diferentes coeficientes de expansión (y diferentes velocidades de expansión o contracción), los cambios de temperatura pueden causar alteraciones en la carrocería que se transmiten al parabrisas, alterando sus patrones de tensión.
Y el propio cristal también sufre al soportar la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior del vehículo, o cambios bruscos, como cuando tratamos de descongelar el parabrisas con agua caliente o le enchufamos el aire frío del aire acondicionado en verano. En una de las pruebas realizadas por Belron se calentó el parabrisas a 80º (temperatura que puede alcanzar en un día soleado), con el interior del coche a 30º. Aunque el parabrisas no colapsó en ese momento, el impacto creció visiblemente y en varios ciclos similares acabará rompiéndose. Cuando accedemos a un vehículo muy caliente es mejor no orientar hacia el cristal la salida del aire acondicionado.
Las diferentes y variadas fuentes del estrés que recibe un parabrisas
Los parabrisas están sometidos a otras tensiones provocadas por una serie de factores materiales y físicos que actúan en combinación. En verano, el calor se suma a todas estas tensiones, lo que produce más roturas de cristales.
El estrés viene, en primer lugar, de la propia fabricación y diseño del parabrisas. El proceso de fabricación implica el corte del vidrio y el doblado de las dos partes, utilizando un molde para crear la curvatura requerida; y la inserción entre ellas una capa de plástico para laminar el cristal y que no se rompa en mil pedazos cuando se raja. Este proceso puede dejar un nivel de estrés residual 'congelado', cuyo grado puede variar de un lote a otro, e incluso de una parte a otra del parabrisas. Además, el parabrisas tiene un tamaño y forma particulares, con complejas curvaturas. Su propia orientación, inclinación y distribución de masas, también le genera tensiones.
En segundo lugar, los parabrisas se unen al vehículo con adhesivos de poliuretano, cuyo endurecimiento puede ir acompañado de un cierto grado de contracción volumétrica que puede ejercer una tensión residual adicional. Además, dos vehículos idénticos pueden ser sutilmente diferentes entre sí (por sus tolerancias dimensionales) y el adhesivo empleado, también puede variar ligeramente en propiedades de un lote a otro; así que cada parabrisas tendrá un patrón de tensión diferente.
En tercer lugar, el parabrisas está diseñado para actuar como un componente estructural que aporta rigidez a la carrocería de un vehículo, así como de resistencia al aplastamiento del techo. Al formar parte de la estructura, el parabrisas recibe presiones procedente de las fuerzas G que torsionan la carrocería en las aceleraciones, deceleraciones y curvas que se producen en la circulación del vehículo.
Por último, al parabrisas llegan vibraciones cíclicas procedentes de los baches del pavimento y de la propia rodadura al circular; y de la carga del viento, según el tamaño, forma y el ángulo de inclinación del cristal. Por ejemplo, el paso por un badén a una velocidad de 30 km/h genera hasta 5G de aceleración en el parabrisas.
Acudir rápido a reparar
Carglass® recomienda a sus clientes reparar un parabrisas, antes que sustituirlo, cuando se dan las condiciones necesarias para ello. Un parabrisas no es reparable cuando:
- El impacto está a menos de 2,5 cm del borde del parabrisas.
- El diámetro del impacto es mayor a 2,5 cm (como una moneda de 2€).
- El impacto se encuentra en el ángulo de visión del conductor.
Un cristal reparado por Carglass® recupera su resistencia original. Todos nuestros técnicos siguen las directrices del “Belron® Way of Fitting”, el manual técnico que asegura que cada reparación en cualquier parte del mundo se lleva a cabo con el mismo rigor, utilizando las mismas herramientas como la campana ART®, los materiales (en especial la resina exclusiva HPX4® que asegura una mayor durabilidad y transparencia a lo largo del tiempo, y procesos idénticos.
Reparar aporta muchas ventajas, que parten de dos de los principios básicos de Carglass: ofrecer el mejor servicio al cliente y ser responsables con el planeta. Los principales beneficios de la reparación son:
- Ahorro: El coste de la reparación es muy inferior al de una sustitución.
- Sencillez: Para realizar una reparación no es necesario manipular el vehículo, desmontar el parabrisas, ni recalibrar los sistemas ADAS.
- Medioambiente y economía circular: Si no es necesario cambiar un parabrisas, ¿para qué consumir recursos (materias primas, tiempo, trabajo…) en sustituirlo? En 2025, gracias a las 164.636 reparaciones realizadas, Carglass® España evitó la emisión de 10.866 toneladas de CO₂ a la atmósfera.
- Rapidez. Con cita previa, Carglass® repara el parabrisas en tan solo 30 minutos gracias a su exclusivo proceso técnico, en cambio la sustitución del parabrisas conlleva 1 hora y 30 minutos.
Sobre Carglass®
Carglass® es la compañía líder en España en reparación, sustitución y recalibración de lunas de todo tipo de vehículos. Cuenta con más de 1.800 personas para llevar a cabo sus servicios con un índice de recomendación global (NPS) del 88%, conseguido gracias a la profesionalidad de su personal propio, además de la tecnología y digitalización de canales y procesos.
Carglass® forma parte del grupo multinacional Belron®, compañía líder mundial en su sector y único especialista que ofrece servicios a nivel internacional. Con presencia en 40 países de los 5 continentes y una plantilla de 30.000 personas, el Grupo Belron® da servicio a más de 16,6 millones de clientes al año, una media de 1 cliente cada 3 segundos.
Con una trayectoria en España de más de 25 años, Carglass® cuenta con una red de más de 220 talleres propios y más de 100 unidades móviles, cubriendo el territorio nacional, incluyendo las islas Canarias y Baleares. Carglass® dispone de un almacén central en Ciempozuelos (Madrid) con un amplio stock de marcas y modelos de todo tipo de turismos, furgonetas y camiones.
Carglass® introdujo en el mercado español el sistema de reparación del parabrisas con tecnología exclusiva desarrollada por Belron Technical (departamento I+D propio del Grupo). La apuesta constante de la compañía por la innovación tecnológica le ha convertido en el único especialista capaz de recalibrar hasta el 99,7% de los vehículos con Sistemas Avanzados de Asistencia a la Conducción (ADAS) tras la sustitución de un parabrisas.